miércoles, 17 de agosto de 2011

Rocío Soria R. / Ecuador


Rocío Soria R. (Quito, 1979) Realizó estudios de diseño gráfico, comunicación social, medios impresos, arte ecuatoriano y actualmente se encuentra cursando una Maestría en Literatura Infantil y Juvenil. Publicó "Huella Conceptual", libro con el que obtuvo el II Premio en el Concurso de Poesía, Universidad Central del Ecuador, 2003; obtuvo también el I Premio en el Concurso Interuniversitario de Relato Corto, Universidad San Francisco de Quito, 2005; Premio Internacional de Poesía Fanny León Cordero, 2005, Medalla de Bronce en el Concurso de Poesía, Cuento y Ensayo, Facultad de Filosofía, Universidad Central del Ecuador, 2006; I Primer Premio en el Concurso del Libro y de la Rosa, UNESCO – Pontificia Universidad Católica del Ecuador, 2006. Publicó “El Cuerpo del Hijo”, 2008. Obtuvo el Premio Ileana Espinel Cedeño, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Guayas, 2008 y fue seleccionada para integrar la antología del I Concurso Nacional de Poesía y el II Concurso de Relato del Taller Cultural Retorno, Casa de la Cultura Ecuatoriana, 2009 y 2010 respectivamente. Publicó también el poemario titulado “Isadora”, 2009. Ha sido traducida al inglés y al francés, consta en varias antologías, ha sido invitada a varios encuentros nacionales e internacionales. En el año 2011 fue seleccionada como parte de la delegación ecuatoriana para representar al Ecuador en la Feria Internacional del Libro de Bogotá.



Llevo horas tratando de regresar las piezas a su sitio
atando el fardo
volviendo el contenido a la manga.

La gelatina cuaja en las cerraduras.
Gira un coleóptero rojo.

Una hoja fresca cae desde la turgencia de su labio inferior.




(EL CUERPO DEL HIJO, 2008)




Es el momento en que el azul oscuro trinca los espacios de la alcoba.
Tiende los brazos como la sombra de un cristo

orina
                                                                                              respira
                                                                                  cojea
     tose.

Los dibujos sobre la cama se arrancan uno a otro
                         separan las canicas de sus ganglios
        por tamaños, colores y consistencias.

Rosas purpúreas saltan de sus bocas.




(EL CUERPO DEL HIJO, 2008)






Coloca una servilleta en el cuello del enfermo,
le acerca el hielo,
deja que algunas gotas rueden al fondo de su crujido con la torpeza de las cosas insubstanciales
con la astucia de quien sobrevive pero para hacerlo ha requerido tropezarse con sus propias sombras
o atorarse con su propia saliva.

La cara del hombre quema como si aún estuviera dentro de sí,
y pudiera despertar menos inflado
y empezar a bailar con la propia orquesta de su queja.

Llama a su madre,
el hombre llama a su madre
aunque el llamado sea un imperceptible brinco en el interior de su párpado.


Coloca una servilleta en el cuello del enfermo,
le acerca el hielo,
deja resbalar algunas gotas al interior de la bolsa, 
busca una de las orejas del enfermo para susurrarle algo
pero lo ha olvidado en el preciso instante
con la torpeza de las cosas insubstanciales,

-es tan humana que se da asco y escupe-.

Vuelve a acercar sus labios para besarle,
arranca el lóbulo del enfermo con los dientes,
pues no atina palabra,
la palabra siempre le fue una pieza faltante,
una parálisis entre los dedos de la mano.

Gime, como si no fuera suficiente con la orquesta de quejas del enfermo,
como si no fuera suficiente con el silencio invertebrado del enfermo.

¿Servirá para el caso el llanto
o solo será una estrategia de supervivencia,
o,
 una forma indolora de avergonzarse?


(ISADORA, 2009)






En el tercer movimiento en lugar de morir o engullir,
dispara sus violencias

hay fragmentos incomprensibles sin embargo de ello.


Los movimientos en falso son inveteradas rutinas
y las ignominias adquieren un grado supremo de belleza.

En el tercer movimiento en lugar de morir o engullir,
dispara sus violencias

y no entiendo por qué el dolor,

hay varios ruegos, demandas e inquisiciones que no entiendo
                                   aunque los comprenda muy bien.

hay varios juegos en los que a pesar de acertar, no doy,

hay respuestas que me las sé de antemano y eso ¿es trampa?

-talvez el asunto sea sin trampas-

Pero ya sé llorar, ¿por qué este nuevo modo de hacerlo?;
o el solo hecho de saber llorar ya es una trampa.

En el tercer movimiento en lugar de morir o engullir,
dispara sus violencias

y no entiendo por qué el dolor.

de hecho aunque terminara por morir
no entendiera por qué la muerte, las muertes,

las muertes tácitas,
las muertes completas,
las muertes semiinconscientes,
las muertes perennes
las que se quedan…



(ISADORA, 2009)






La tristeza,
la inquebrantable tristeza,
la quietud de la tristeza.

La voz nombra a ese mismo Dios que habiendo perdido su tinte macabro estalla de risa desde el hueco que lo pronuncia

-violín incrustado en su carne-

El rumor de la ciudad entra por el ducto de la ventilación,
cruza ambos salones,
la música del fondo es un colector de aguas verdes.

Las ventanas de la casa fueron clausuradas para siempre,
un polvillo fino se asienta sobre las cosas,
una tortura se columpia en las máquinas  
                            diminutas de su cuerpo.

Isadora sostiene el cuchillo de cortar el pan,
se abre una boca en el muslo,

pequeños duendes la poseen
penetrándole por la llaga una y otra vez,
la atraviesan entera,

ningún grito, solo un tiritar de los objetos,
frascos destemplados en una sinfonía ácida.


(ISADORA, 2009)





1 comentario:

  1. Hola, Rocío. Te encontré por aquí de casualidad. Esto ya te lo había dicho, pero te lo repito en público: me gusta mucho cómo escribes...

    ResponderEliminar