domingo, 11 de diciembre de 2011

Gary Alminagorta / Perú



Gary Jimy Alminagorta Cabezas es Licenciado en Educación en Lengua y Literatura por la Universidad Enrique Guzmán y Valle – La Cantuta y Maestría en la UNMSM en Literatura Latinoamericana. Ha publicado el libro de cuentos “El enajenado y otros cuentos” (Arteidea editores 2007).





EL BARCO


                                                              Para Eli
                                                                                            


Hay un barco encallado en la cresta de un iceberg. No puede o no quiere salir, ya que el capitán está casi seguro de que pasando este obstáculo hay un horizonte hermoso: un mar tranquilo, límpido, y un sol radiante en donde se puede continuar el viaje apaciblemente. Están aquí encallados él y los tripulantes; todos reclaman al capitán: “Giremos hacia la derecha, señor,    podemos ver desde acá otro horizonte que usted nos dice” y el capitán responde: “Estoy casi seguro de que hay un mejor horizonte que el que ustedes ven. Hay otro más hermoso detrás de este iceberg”. Los demás responden: “Señor, estamos cuatro años aquí. Nosotros morimos día a día uno por uno, y usted está muy enfermo y viejo. Giremos a la derecha, señor”, y el capitán responde: “Estoy casi seguro de que detrás de este iceberg está mi amada”.




ANTE TUS OJOS MI PRESENCIA...


Ante tus ojos mi presencia es la
fétida tumba que hiere tu pecho,
la insanía cruel de la espina que
maltrata las gardenias alegres de tu
sonrisa, la trágica reyerta de  dos
grillos que, al final, cadavéricos te
recuerdan frías palabras de venganza.

Ante tus ojos mi presencia es la
figura cercenada que te dice: "Te amo",
la caída mutilada del viento, la
andanza de un baladí herido
musitando tu nombre.

Ante tus ojos mi presencia es la
miserable gota de un enamorado
que se regocija besando tus pasos,
la simple llaneza de un jeroglífico
incomprendido, la hechura cabizbaja
de un corazón yermo.

Ante tus ojos mi presencia es el
oscuro cincel que tala tu esperanza,
la suma de noches agonizantes
que envenenan tu día, la astucia
del miedo que te consume en
espacios.

Ante tus ojos mi presencia es la
cualidad hecha trizas de tus
ilusiones, el relámpago amargo
que vomita carcajadas al verte,
la tosca forma de un arte casual.

Ante tus ojos mi presencia es el
árbol descolorido por el tiempo y
el olvido, el macabro encuentro
con una especie muerta, el
andrajoso tulipán de una idea.

Ante tus ojos mi presencia es la
herida que explota en espasmos de
obsesión, la cuajada violenta de
una rosa negra, la mirada sombría
sepultada por el tiempo.

Antes tus ojos mi presencia es la
caricia opacada de la infancia,
el llanto petrificado del colibrí,
la migaja raída por las horas.

Pero, por sobre todo, ante tus ojos,
mi presencia es frío abismal,
finiquitada melancolía, decepción
ajena, extraviado otoño,
delirante capricho, duda aislada,
                               lúgubre quietud, féretro mustio.





                                EL ABEDUL




Llora el abedul su desgraciada suerte,
suspira en cada hebra de su cabello, en
cada halo de su aroma, en cada infinita
voz de la tierna amada.

Se quiebra el cielo con el ocaso del
horizonte, y una mirada desbordada con
lágrimas de agonía musita: “Sempiternamente,
sempiternamente, amada mía”.

Luce la tarde su vestido bermellón, y anuncia
galopante el quiebre del fulgor, y estentórea
dice: “Amor, en tu nombre, cuánta lágrima,
cuánta desgracia, cuánta infinidad inmisericorde”.

Una vez más: “Abedul lúgubre, deja que
la luz tamborilee su mejor sinfonía
alegre, el pétalo su sonrisa, la hoja
su existencia verde eterna”.




NOCHE



Es aurora, perdón, es muerte
estos sueños de altas noches
en que tu rostro me sonríe y
yo sonrío tristísimamente violento.

Agobiado por todas las estrellas
de este mar, en noches que
pronuncian el eco de tu voz dulce,
gritando: “Soy tuya, soy tuya”.

Golpeo mi faz contra el viento,
estoy  con la luna, contra la noche,
me hiero, te grito: “Soy tuyo, soy tuyo”;
en sus oídos dile garuosa: “¡Es mía!”

Miénteme, ámame, mujer, yo
estoy en este equilibrio de un cosmos
dudoso, esperando un sol cobijante
y decirte: “También te amo”, perdón.

Ya mis ojos y mi alma, día tras día,
están quebrándose en el tiempo,
en una nostalgia albúrea, esperando
tu nombre, tu nombre, amor, tu nombre.




                         LA HEBRA DE TU CABELLO



Aún no presentía, desdicha mía,
que un día muy cruel me dejarías…
Sollozo trágico desde ese haz,
cual puñal de tus labios mudos.

Mas yo, alegre esa vez, quebré
lo divino al coger una hebra de
tu cabello y guardarlo en mis hojas
blancas, seguro del mundo.

Beso esa hebra, añorando
recuerdos de un edén en la sinfonía
de tu ser, para otra vez tocar el sol
con mis dedos… ¡Qué regocijo corazonal!

Pálido enrumbo caminos
por veredas hirientes, mas, al
recordar la hebra de tu cabello,
como un orate en el espejo, sonrío.

Eterna es ésta en la vida mía,
mas si se perdiese un día,
miraría la negra quietud,
como amiga mía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario